21 de noviembre de 2010
Jose,Llenaste hojas de cuadernos, de agendas, de hojas sueltas, de servilletas. Ponías letras sobre rayas y cuadrículas cuando nadie te veía y es ahora cuando te leo. Leíste revistas en español y en inglés de música y de tendencias, de cultura y reivindicación, y aun conservas periódicos de Amsterdam, Praga y aquel New York Times de mayo de 2009. Eras un romántico. Llenaste tu mente de ideas, y de libros dejaste lleno tu escritorio, la maleta y el armario. Y debajo de la silla del rincón soplé sobre alguno de tus vinilos -Lynard Skynard, Metallica, Donovan... inmortales de tu época y ahora de la mía.
Fui siguiendo el ruido de altavoces y baterías y llegué al salón con el 7º de caballería. Hace unos años compartimos techo los martes y descubrí tu pasión por las películas del oeste, pero ahora sé que tienes más de 200 en las estanterías junto a Rambo, Airbag, Hotel Ruanda o Woody Allen.
También estuve en la cocina, donde coleccionabas botellines en el altillo de los muebles y ponías a enfriar el ron y el vodka en la nevera. Y al salir me topé con una caja. Estaba abierta. Encontré tu beca para el bachillerato, tu inscripción en el INEM como programador y tu primer contrato como cartero de Las Navas del Marqués.
En solo un par de horas te metiste debajo de mis uñas y el polvo de tus trastos me llenó los pulmones, pero sé que aun me queda mucho camino por recorrer contigo, por escuchar tus vinilos y leer todas tus hojas, si, todas. Ya no pienso en nuestra despedida aquel día que te acompañé a la puerta del cementerio y me mostraste que había llegado el invierno con las hojas crujiendo bajo nuestros pies y los árboles tiritando de frío y esperando la nueva savia, la nueva vida.
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(*) Con las papeles que me dio nuestro amigo el hermano de José Luis Quirós Manjón (Pipas) venía esta carta escrita después de su muerte. Tiene un celo en el encabezamiento. Posiblemente ha sido expuesta en el tablón del Bar Mordor, donde Pipas ponía algunos de sus escritos. La firma está quemada, quizás por un cigarrillo. De modo que no se puede saber si fue escrita por su hermano Miguel. En cualquier caso nos da una imagen muy acertada de las inquietudes íntimas del amigo Pipas. Y sirve muy bien como recordatorio de su vida.
El autor de esta carta es una persona que pensaba en él cuando escuchaba cds, vinilos o cintas, que hablaba con él de conciertos legendarios e indies, y que compartía viajes físicos y escapadas mentales, pero que la dejó en la señal de la Ruta 66.
ResponderEliminarElena. Su sobrina.